ARTE ECUATORIANO

 

 

ANIBAL VILLACÍS

CAMILO EGAS

ENRIQUE TÁBARA

EDUARDO KINGMAN

ESTUARDO MALDONADO

JORGE ARTIEDA

LUIGI STORNAIOLO

MARIA VERÓNICA LEÓN

MARCELO AGUIRRE

OSWALDO VITERI

OSWALDO GUAYASAMÍN

VOROSHILOV BASANTE

 
 

 

UREÑA RIB

PICTÓRICA

ABSTRACCIONES

ALEGORÍAS

AMAZONAS

CRISÁLIDAS

DIBUJOS

FIGURACIONES

FORTUNA

IMÁGENES FULGURANTES

ONÍRICA

LITÚRGICA

LÚDICA

ORÁCULOS

OBRAS

ÓRFICAS

OTOÑO

DADORAS

NINFAS

OCEÁNICA

ORGÁNICA

 

UREÑA RIB

CUENTOS

LA INICIACIÓN

CELAJES

MALENANORADA

EL NAHUAL

PULPO A LA GALLEGA

LA PORTEÑA

LA TOSCANA

LA PUTANA DE PERPIGNAN

LA TORRE VIGILADA

LA SOLUCIÓN EN EL OMBLIGO

LA VENUS DE TABOGA

VIENTOS DEL NORTE

LA VINDICACIÓN DE OMAR

EL ABRAZO

 

 

 
PINTURA ECUATORIANA

 

LAS IMÁGENES PRECOLOMBINAS DE

ANÍBAL VILLACÍS

Fernando Ureña Rib

 

 

Anibal Villacis, Arte Ecuatoriano

 

ANÍBAL VILLACÍS (1927) se apodera de la superficie pictórica del lienzo para hurgar misterios que se se remontan  a tiempos milenarios en los que el hombre de los Andes y del Altiplano se enfrascaba con el barro y el fuego para hallarse a si mismo en medio de la naturaleza desbordante, esplendorosa y salvaje de las sierras.

Ese deslumbramiento ante la magia de la existencia misma se percibe aun en las pinturas del ecuatoriano Aníbal Villacís.   Como en los mapas geodésicos, los símbolos acuden al ojo, convocados por el encantamiento que surge y surte  los dedos del hombre y de la piel misma de la tierra.  El lienzo no es mas que esa vasija ancestral que contiene esos símbolos, Aníbal Villacís los defiende con las uñas y los dientes, lo moldea paciente y laboriosos y los rememora en medio de un ambiente urbano y globalizador que tiende a aniquilar esos símbolos primigenios. 

La obra de Aníbal Villacís es pues poderosa e intensa porque encierra las huellas de un pasado inmanente del que el es un testigo presente y avizor. Aníbal Villacís es uno de los grandes pintores ecuatorianos y universales de hoy . Su influencia y proyección internacional quizás no sea tan plausible, pero se deja sentir con fuerza desde hace ya muchos años, en museos y  exposiciones internacionales donde se manifiesta que lo único que cabe ante su obra es el asombro. 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

Ficha Crítica de Marco Antonio Rodríguez

Anibal Villacis

La realidad que el ser humano es capaz de aprehender es solo una interpretación de esa realidad. "El mundo es mi representación", decía Schopenhauer. En efecto, el hombre no conoce ningún sol ni ninguna tierra ni ningún mar, sino solo ese ojo suyo e intransferible que ve un sol, solo esa mano suya que toca una tierra o que hunde en la ola del mar.

Y solo conoce ese espíritu suyo que capta sol, tierra, agua y todo lo demás y lo interpreta según sus conocimientos, sensaciones, voliciones.
 

"En todo mi trabajo quiero que se vea la materia, que se vean mis manos: es esto lo que da sensibilidad a las construcciones plásticas", afirma Aníbal Villacís (Ambato, 1927). Y el histórico aporte de Villacís a nuestras artes visuales es, sin duda, el tratamiento de la materia que él construye con sus propias manos; luego vendrá la resolución de sus temas, obsesivamente coadunados a nuestro ancestralismo: historia y fantasía, pensamiento y prodigio, nuestras raíces más antiguas aliadas a recursos novohispanos (la imaginería) y recursos de la modernidad (colores cautivados en los raspados e incisiones únicos del maestro). Creación continua la vida consciente, el pasado sobre el presente acumulado para engendrar el futuro. El pasado, en la obra de Villacís, tiene vida de hoy, vida que se realiza en nosotros, los actuales, y cuando la contemplamos, en nuestra conciencia van aguzándose nuestros ojos, y vamos viendo también la vida de ayer. Las sombras del tiempo toman cuerpo, se congelan en formas hermosas y perennes. Y ahí quedan, para quienes vengan después.

Lo conocí en su casa del tradicional barrio de El Placer. Hacía tiempo que había rastreado en su arte y que su figura humana rondaba en mi imaginación. Siempre lo imaginé nervudo, encastillado, capaz de sostener el mundo oscuro y portentoso, milenario y pujante que él había creado. Pero Villacís es un hombre pequeño y amable, menudo y frágil, solidario y solitario, lúcido y sensitivo en extremo. Quien se aproxima a él se prenda de su transparencia y humildad. Su buen humor, vigente no obstante los infortunios vividos, le ha permitido desairar varias veces a la muerte y mantener sus manos intactas para seguir forjando su obra. Su amor por la vida está nutrido por su amor por los olvidados de la tierra y su compromiso con la historia de su pueblo, en plenitud.

La moneda de oro

"Todo pintor auténtico viene con una moneda de oro en la mano", comenta Aníbal Villacís, y rememora con tristeza a aquellos compañeros que desperdiciaron ese don, alejándose del arte o enceldándose en imposturas. Así es, de todas las expresiones del arte, la pintura es la que más se fragua en lo sensorial. Todo pintor va tras la aparición de una final e inasible verdad que pervive en la raíz de la materia y que designa la realidad otorgando sentido al universo de las aparencialidades, tornando el caos de lo representado en un medio que se alimenta de aquél y sostiene la tensión a través de la cual se evidencia la vida en toda su desmesura. La incesante búsqueda y construcción es lo que señala la tarea específicamente humana; la realización artística radica en precisar (elucidar y demostrar) esta realidad erigida, y en expandir el horizonte de la conciencia coherente, en descubrir nuevos atributos y signos para los refinamientos del sentimiento. En esta línea persevera la creación de Aníbal Villacís y de ésta se han sustraído ­por fatiga o comodidad­ muchos de los artistas de su generación a quienes evoca con afecto pero con pesadumbre.

Villacís cree que dibujó desde el vientre de su madre ­¡es tanta la pasión por su oficio!­ Lo cierto es que a los cuatros años, en su Ambato natal, ya tallaba en balsa, tiza, yeso, greda Por allí conserva nimias calaveras talladas en pepas de capulí. A los seis años perdió a sus padres. Su primera desgarradura. El primer enfrentamiento al vacío. Más tarde será su averiguación empecinada de la verdad en el arte la que lo deje inerme, solo. Una amiga de su madre, Olga González, se encarga de él. Lo hará con amor y abnegación. Al nombrarla, el artista no puede reprimir lágrimas de gratitud.

Las paredes de su nueva casa se convierten en espacios milagrosos para que el precoz artista dibuje con los carbones que consigue ­al descuido de su madre adoptiva­ del fogón hogareño. Poco después, su obsesión por los muros blancos lo inducirá a utilizar las grandes paredes de la ciudad. Nadie sabía quién era el perturbador nocturno que infringiendo ordenanzas municipales y buenas costumbres 'rayaba' paredes de casas y edificios. Una noche lo descubre en su febril jornada la esposa del intendente y avisa a éste para que castigue al irresponsable. El funcionario policial llega al sitio indicado, pero vacila ante los dibujos de Villacís; no, no eran simples 'rayas' o 'manchas', algo había en esos entramados de líneas que lo sorprendieron; halla, quizás, ese misterio del arte visual que impresiona hasta a los más alejados de éste. Se aproxima y distancia, mira y remira los dibujos, y en vez de reprender a su autor, lo premia con elogios.

La tauromaquia

Nada dejó la conquista salvo su sangre refundida (instinto, pero en muchos casos, amor también) que fraguó el mestizaje, y una religión que, muchas veces, fue cómplice de la aniquilación. Hubo extinción: no quedaron vestigios de muchos pueblos aborígenes, pero se unieron dos hemisferios que estaban separados por mil abismos. Y este hecho cambió la historia de la humanidad. De las grandes empresas que ha generado el ser humano a lo largo de los siglos, pocas tienen la significación y la grandeza de la gestación del Nuevo Mundo que es América. Y en cuanto a la religión, es verdad que se constituyó en una devastadora calamidad para quienes fueron conquistados, pero en nuestro continente empezó una reflexión de sus crímenes ­los perpetrados en Europa y en América­ a partir de que un cura dominico, Bartolomé de Las Casas, declaró que los indios eran 'ciudadanos' lo mismo que él, y denunció a los cuatro vientos el genocidio. Ese acto es, quizás, el más cristiano de esa época en el mundo.

Como quiera que fuese, el mestizaje no solo es la avenencia de la religión cristiana con la aborigen, como se ha asegurado, sino un colosal soporte, del cual la religión es únicamente un segmento. Esto explica muchos hechos, entre ellos, el que la fiesta de los toros se haya imbricado tan resueltamente en las costumbres de ciertos lugares de nuestro país y América (México, Perú, Colombia, Ecuador).

MARCO ANTONIO RODRÍGUEZ

 

Home Contact us Search for Artists profiles Latin Artists Directory
Privacy Policy | Terms of use | Help | Contact Us | Report Abuse
© Latin Art Museum 2006. Design and developed by comuniQue.  
 free hit counter