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ARTE ECUATORIANO |
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LA CREACIÓN PERPETUA DE
OSWALDO VITERI
MARCO ANTONIO
RODRÍGUEZ
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LA CREACIÓN PERPETUA DE OSWALDO VITERI
El principio necesario
La
propuesta fue rastrear a fondo en el mundo de Oswaldo Viteri (Ambato,
1931). Azar y reto. La obra de Viteri me había replegado a
superponerla de conceptos, a mudarla o reducirla a travesuras
irreverentes de mis pensamientos.
Ella fue cada día más drástica con la interacción humana que iba
suscitando en mí. A ratos pasé a pertenecerle y, como es evidente, a
soportar su opresión, como si se tratara de pagar el tributo o el
castigo de conocerla en sus meandros más ocultos, esos que subyacen
detrás del lenguaje pictórico cuando éste oscila en la raíz de lo
excepcional y la eminencia. Creo que esto sobrevino porque la obra de
Viteri es materia eterna en cuanto interpelación asombrosa de una
realidad que es común a todos, y porque, especialmente en sus
ensambles, no admite posturas medias.
La niñez, esa distancia
Un encumbrado graderío lleva a la
planta de la casa donde nació Viteri. La casa está enclavada en el
centro de Ambato y parece un colmenar por la profusión de ventanas.
Apenas repeché las gradas, descubrí una gran mampara de vidrio. Estoy
en el umbral de la infancia del artista. (Su madre, María Elena
Paredes Borja, me había referido que él apenas salía de este espacio).
Explico a la nueva propietaria una anciana artrítica de rostro
bíblico atada a una silla de ruedas la causa de mi visita. Con su
consentimiento, empiezo a huronear los sitios que atestiguaron los
escarceos iniciales de la tiránica voluntad creadora de Viteri.
En el bloque posterior hallo dos sótanos donde él se enceldaba de muy
niño. (Acaso no los buscó, los halló, al igual que a su arte: tortura
y júbilo, ninguno de los pintores de su tiempo ha hurgado tanto como
él en los laberintos de la condición humana). Recluido en esos lugares
cerraba y abría los ojos para imbricar en su memoria cesto de llamas
la oscuridad hasta palparla, coagulada, mientras la luz, filtrada por
las rendijas, desnuda, ascética, impúdica y perversa, absorbía su
sangre. ¿Casualismo? ¿Un simple juego infantil, extraño e inusual,
pero puro juego al fin? ¡Quién sabe! En todo caso, aventura
premonitoria de lo que sería el modo de resolver su vida y su obra. El
negro y el blanco refundiéndose en una sola sacudida mágica. Jaspers
advirtió que en los grandes espíritus hay siempre un elemento de
hechicería. ¿Quién podría negar que éste desborda el de Viteri? Muerte
y vida. Amor y odio. El bien y el mal. Lo sagrado y lo profano. Negro
y blanco: los estados puros del arte pictórico, pero también de la
vida.
A los cuatro años Viteri fue con su
padre, César Enrique Viteri médico obstetra de cuyas manos, cuentan
los vecinos, nació medio Ambato a una corrida de toros. La fiesta
brava lo cautivó para el resto de su existencia. Por ella arribó a sus
estupendas colecciones de dibujos taurinos donde respiran jadeo y
estertores cada una de las suertes de este espectáculo, pero, sobre
todo, a la enrieladura del mestizaje, constante emblemática de sus
collages. El ansia de Viteri por desentrañar este hecho no tiene par
en América. ¡Cómo lo hurga, explota y asedia, con cuánta reciedumbre
le marca inéditos horizontes! Cada elemento de esta saga constituye un
símbolo.
Ninguno es fortuito. Todos son
epítomes del revuelto y tormentoso mosaico de nuestros orígenes. La
serie de estas piezas: un ir lúcido y frenético a sus raigales
consecuencias, y por lo que acopia de tesis y postulaciones, es,
quizás, el mayor aporte de Viteri no solo a la historia de las artes
visuales hispanoamericanas sino del mundo.
La escuela: confusión y desarraigo
El pequeño mundo del artista
tambalea por su ingreso a la escuela. Atrás deja sus primeros dibujos:
periódicos atiborrados de sus rayaduras hacinados en un desván. Su
único juguete, un trompo de colores que a diario baila provocándole
una multitud de insólitas sensaciones. Su cotidiano peregrinaje de la
sombra a la luz. El cálido resguardo de su familia. Pero su invencible
vocación se vuelca a los cuadernos y textos escolares. En ellos dibuja
sin pausa, a tal punto, que sus profesores, omitiendo su deficiencia
en las demás asignaturas, recomiendan una y otra vez que cultiven sus
dotes innatas para el arte.
Viteri no es hombre de recuerdos. Cree que tenerlos o inventarlos es
un signo de declino vital. Sin embargo, hay uno de esta edad que se le
ha fijado como rueca murmurante de la posible explicación de una de
sus facetas esenciales. Al salir las mañanas rumbo a la escuela se
ingenia un pasatiempo. Escoge cualquier guijarro que halla al paso y
lo patea, éste, sumiso, va a encajar siempre en la boca de una
alcantarilla. El juego lo repite hasta notar que alguna rareza lo
merodea: ¿por qué el pedrusco se paraliza, justo, antes de caer? Al
día siguiente de asimilada esta reflexión, trata de repetir el
ejercicio, pero no podrá lograrlo más. En el budismo zen, disciplina
que Viteri estudia desde hace cuarenta y más años, llaman 'dar en el
blanco' a estos sucesos inexplicables. Durante días, el artista por
mi tozudez ha intentado explicarme algunas claves elementales de esta
filosofía. '¿Pero es una filosofía?', me atreví a inquirirle alguna
vez. El pintor, sonriente, como toda respuesta, me refirió que un Gran
Maestro Zen explicó a algún ignaro que no era nada inaudito que no lo
entendiera, toda vez que él tampoco lo entendía. "El aire que existe
en los dibujos es lo mejor de los dibujos escribió Viteri en 1973
pero es necesario hacer muchos dibujos para que éste sea
transparente". Y a renglón seguido: "El dibujo es un pájaro
invisible". Viene a mí el caudal de dibujos trabajados en España y
tiento aproximarme como un lego fanático al zen. Rememoro que Viteri
por esos años dibujaba y pintaba a dos manos (tanto era lo que llevaba
adentro). "Y siento una ráfaga de nieve y lumbre estallando en mi
sangre. "
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OSWALDO VITERI
Pintor autodidacto, comenzó su formación
artística en los talleres de Schreuder y Wulf, en Quito.
Tras breve paso por la figuración, se destacó en el abstracto
informalista. El aporte creativo de este artista es uno
de los más ricos y diversos de la plástica nacional; va del
dibujo, en el cual se le reconoce como un maestro indiscutido,
al collage y al ensamblado, pasando por la pintura en todas
sus técnicas y en términos tanto figurativos como abstractos.
1955 Se inicia profesionalmente en la
pintura, aunque dibuja desde su infancia. Se encuentra en este
momento dentro de una línea figurativa: trabaja con modelos,
pinta bodegones y retratos. Estudia pintura y dibujo, desde
1954, con el pintor holandés Jan Schreuder inicia otra
experiencia de aprendizaje en el taller del pintor
norteamericano Lloyd Wulf. Estudia además arquitectura desde
el año 1951.
1960 Gana el premio "Mariano
Aguilera" con el cuadro "El hombre, la casa y la Luna", obra
austera de elementos, con planos simples, contrastantes,
texturas a veces muy lisas o muy espesas, cerradas en espacios
perfectamente delimitados. Es la etapa expresionista-simbólica
de Viteri. Paralelamente, trabaja como profesor de la Facultad
de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador y lo
hará hasta el año 1989
1961 Participa con el folklorólogo
brasileño Paulo de Carvalho en investigación del folklore
ecuatoriano. Funda el Instituto Ecuatoriano de Folklore, del
cual será por varios años su director. Esta experiencia, a
partir de un contacto directo con el entorno físico del
Ecuador y las culturas populares, le marcará para siempre,
clarificando y enriqueciendo su visión de la realidad
latinoamericana. Es evidente el surgimiento de la preocupación
tanto por el ancestro, como por el presente. Los símbolos, los
signos, los íconos de la cultura aparecerán ya dentro de su
obra. Durante esta etapa y la próxima obtiene varios premios
importantes, dentro y fuera del país.
Primera etapa del abstracto:
Frente a una sensación de limitación con su
obra simbólica, al percibirla demasiado estructurada, rígida,
dura, Viteri desemboca en su primera experiencia con el
abstracto. En un principio son líneas hechas con bolígrafo.
Más tarde, se crean óleos con grandes manchas. Siente la
necesidad de llegar a una síntesis y esto le lleva proponer un
abstracto gestual en el cual existen reminiscencias de lo
precolombino - una interrogante, una preocupación permanente:
¿de dónde venimos, quiénes somos?. Cree en un arte con
contenido, con sentido. El abstracto se manifiesta en dibujos
y pinturas con soltura, espontaneidad y con una cierta
influencia de la pintura de acción de los Estados Unidos, el
llamado Action Painting. Su exponentes, del mismo modo que
Viteri desde el año 56, muestran un profundo interés por el
Budismo Zen, preocupación que posteriormente generará toda una
línea neofigurativa y abstracto gestual, principalmente en el
dibujo con tinta. Segunda etapa del abstracto:
Viteri va más allá de la utilización del
pincel: aplasta el tubo directo sobre la tela. Crea obras de
empastes fuertes, pero siempre en busca de un carácter
auténtico. Es una etapa además de profunda preocupación
estético-plástica, con resolución en grandes formatos.
1968: Se produce el encuentro en
Quito con el español Viola, quien pertenece al grupo "El Paso"
de Madrid, compuesto por artistas de la talla de Saura, Feito,
Millares, entre otros. Viola, quien se caracteriza por hacer
también un abstracto gestual, trabaja en el taller de Viteri
de la Escuela de Bellas Artes, de la cual es su director desde
el año 66. Realizan un trabajo en conjunto, pero, para ese
entonces, a Viteri el abstracto ya nada le dice: un
agotamiento y saturación dentro de esta tendencia, le
encaminan hacia una nueva búsqueda, tanto conceptual como
técnica, cuyo resultado es el ensamblaje. Surge un nuevo
lenguaje, que en cierto modo desdice a la pintura como tal,
pues sobre la superficie, antes completamente pintada, ahora
se han pegado, incorporado objetos extraídos de la cultura
ancestral y popular y cuya vida propia, anterior a la obra de
arte, se ve irremediablemente transformada dentro de su nuevo
contexto estético-plástico. Estos objetos: arpilleras,
casullas, muñecas de trapo adquieren, por una parte, nuevos
contenidos, tanto conceptuales como espacio-temporales; por
otra, imprimen su propia riqueza simbólica-plástica dentro de
la obra de arte, también transformándola irreversiblemente.
1969 Viaja a España y reside allí
durante un año, experiencia que agudiza la necesidad de
profundizar en este nuevo lenguaje, el ensamblaje. En Madrid
conoce el pintor judío-polaco Maryan; trabaja con él y siente
su influencia en la que será su nueva etapa neofigurativa, de
donde surgen especialmente dibujos en tinta, llenos de una
carga emocional dramática. Es un período de fuerte crisis
emocional. Sus ensamblajes empiezan a ser reconocidos
internacionalmente y se manifiestan sobre todo a través del
concepto de mestizaje.
EN LA ACTUALIDAD
Trabaja en varios murales y proyectos de
escultura. Viaja por varios países, muchas veces como jurado
de eventos importantes, enriqueciendo su experiencia
artística. Ha participado en más de 50 exposiciones
individuales y de 120 exposiciones colectivas, dentro y fuera
del país; su obra ha sido expuesta en varios países de
América, Asia y Europa, y consta en varias colecciones
particulares y museos importantes del mundo.
Entre las
exposiciones más destacadas está la "Exposición de Arte
Latinoamericano" en la Hayward Gallery de Londres, muestra que
después viaja a Estocolmo y Madrid; también ha expuesto en el
"Museo Rufino Tamayo"- México D.F., la "BMW Gallerie" Munich,
el "Ibero Club"- Bonn, el Centro Cultural de la Municipalidad
de Miraflores-Lima y el Museo Marco, Monterrey - México. Ha
participado en las bienales de Venecia-Italia, Sao
Paulo-Brasil, Córdova-Argentina, Coletjer Medellín-Colombia.
Continúa, hoy en día, con sus ensamblajes y dibujos
neofigurativos y abstracto-gestuales de influencia Zen;
también, el retrato y el dibujo figurativo, con diversas
referencias icónicas, se mantienen vigentes en su obra a
través del tiempo. Es más, su obra es cada vez más
multifacética y rica en experiencias no solo técnicas y
temáticas sino fundamentalmente conceptuales. A partir del año
92 retoma la experiencia del óleo donde surgen enormes
paisajes andinos de tendencia expresionista-abstracta, y cuya
"exploración" continúa vigente.
Viteri plantea su
permanente preocupación por el mundo contemporáneo, por su
propio contexto, por la necesidad de afianzamiento, de
reconocimiento e identidad en América.
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FERNANDO URENA RIB
ART STUDIO
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Revisado:
February 06, 2008
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