SÉBASTIEN WORSNIP
EL paisaje es quizás
un pretexto para el pintor canadiense Sebastien Worsnip, quien lo
utiliza, a través de una exploración intensa, para exorcizar
angustias, expulsar malestares o acoger alegrías.
Worsnip desahoga, con remarcable capacidad
expresiva, los diversos estados anímicos y emotivos que el
paisaje ofrece y nos permite visualizar los aspectos espirituales
que la vida confiere al paisaje y la naturaleza.
Los ríos, montañas y praderas lacustres son una memoria lejana de
los lugares originales. Porque el tratamiento de la materia
pictórica, con gruesas texturas y sutiles transparencias permiten a
Worsnip reinventar el paisaje, que se torna huracanado, apacible o
invadido del vuelo de pájaros ausentes ya, bajo los últimos rayos
del atardecer.
Los colores, sombríos o fosforescentes bordean la abstracción y
desbordan sus propios impulsos luminosos. Worsnip es un
pintor intuitivo. Al contemplar sus pinturas es posible imaginar, en
el fondo cambiante del horizonte, intensos acordes musicales,
sonidos que parecen desprenderse del fondo de estos lienzos y tomar
alas y volar hasta parajes profundos en el espíritu del espectador.