CRITICAS
La obra
de Elsie, dentro del naturalismo, no se ajusta a la
verdad concreta del paisaje. Es un punto de partida
solamente. Construye sus composiciones amarradas al
impacto sensible de la naturaleza . Racionaliza,
sublimiza el objeto a fin de llegar al encuentro de
un arte sin compromiso que emergiendo de sí misma y
de la naturaleza, se recrea en la propia intuición,
en la sensibilidad del color y en el deseo vehemente
de hacer arte.
El arte no
afianza su calidad porque se le llame
"contemporáneo, moderno o abstracto: naturalista,
surrealista o conceptual" ARTE es sencilla y
valorísticamente ARTE. El arte de Elsie es no tanto
lo que se mira sino lo que se pueda ver. Esto para
mí, es lo más importante.
Elsie desea
caminar en serio y puede hacerlo porque tiene :
Sensibilidad colorística, intuición, pasión por la
pintura y actualmente trabaja en la alquimia de la
técnica. Siga entonces Elsie, dialogando con la
naturaleza, con la vida, con el arte, con el tiempo,
consigo misma, en fin, con todo aquello que
sustantive el término ars gratia artis (el arte por
el arte, que sumado a la pasión, abre el horizonte
del gran camino.
Elmar Rojas
Guatemala mayo de 1996
Mientras el ser humano desde las trincheras del
progreso se preocupa y ocupa en transformar,
contaminar y destruir la naturaleza sin aceptar ni
respetar protocolos de Kyoto y llamados de auxilio
ecologista, Hélice se involucra en una misión más
alta y gratificante: recrearla. Ha refinado los
matices de tanto acariciarlos con los dedos, los
azules son cielos inventados y en la penumbra de
planos sugeridos parpadea la presencia del átomo y
la galaxia. Suelta hojas recién nacidas o doradas en
el fuego del atardecer a navegar en submundos de
sueño líquido en bsca de catedrales sumergidas
imaginadas por Debussy en otras latitudes.
Marco Augusto Quiroa
Guatebuenita, mayo de 2001
Con modesta pero firme convicción, sin más
pretenciones que las que concede un trabajo honesto
de agradable sensibilidad, Hélice presenta una
colección de pinturas de apacible e íntima emoción.
Sus ojos e imaginación se recrean y regocijan ante
la sinfonía de valor tonales que la naturaleza, en
su sabia y rítmica armonía distribuye amorosamente
ante quienes poseen un espíritu contemplativo y
sienten con admiración el sublime encano de su
infinita belleza. Este paisaje intimista, casi
subjetivo, por su economía compositiva, la sobriedad
de los espacios tonales y su contenido anímico,
obviando los detalles urbanos, se acerca
temerariamente la abstracción, cuando reconocemos
como abstracción la síntesis, la esencia, no la
descripción superficial de los elementos que
conducen la sensibilidad de la artista hacia un
concepto claro, preciso, para definir y plantear sus
argumentos plásticos, evitando los enigmas y
mixtificaciones que requieran abogados literarios
para defenderse.
César Izquierdo
Guatemala, mayo 1997
Elsie de Wunderlich y su fervor por la
naturaleza:
Si en algo se caracteriza y se hace
inconfundible la pintura de Elsie de Wunderlich, es
en su honestidad para consigo misma, o sea, es ella,
es auténtica, no se traiciona, tiene su
personalidad. Cada artista tiene su propia manera de
ver las cosas y dentro de esa amplitud, dentro de
esa libertad, crea su mundo y lo expresa sin
limitaciones procurando compartir su emoción, su
mensaje, con todos, sin distinción. Viendo su obra
se da uno cuenta de su fervor y su devoción por la
naturaleza. Se solaza con el paisaje y se percibe el
gozo que siente por la frescura del rocío, los
reflejos en el agua, el olor a la tierra mojada y a
maderas silvestres. Más bien, su mensaje, podría ser
llamado a la defensa del medio ambiente, tal su
carácter bucólico, tal su delicadeza poética, que
para mí, está íntimamente relacionada con esos
versos maravillosos de Diéguez Olaverri: "Las tardes
de abril". Su trabajo es de recreación, es decir, no
copia literalmente el motivo sino lo somete a una
transmutación de valores donde quita, agrega,
reduce, yuxtapone los tonos, en fi, hay una buena
dosis de subjetividad, condición sin la cual, no es
posible lograr el fenómeno poético. La naturaleza es
para ella objeto y sujeto a la vez. Su sensibilidad
para el color, la fineza de sus texturas e
concluyente y demuestra una elegancia y una
delicadeza que culmina en una gran fuerza lírica.
Roberto González
Goiry
La mirada del artista hacia la
realidad no es cualquier mirada. Los sentidos y la
conciencia del artista captan del entorno aquellos
aspectos que, al común de los mortales, resultan
imperceptibles. La mirada del artista carece de la
simplificación que la vida práctica imprime en las
cosas, pues, por lo general, vemos lo que nos rodea
con miras a satisfacer determinadas necesidades,
pero no miramos. Vemos lo útil que la realidad puede
sernos. Captamos de los objetos su dimensión
práctica. Es lógico, tenemos que desenvolvernos,
obrar, conseguir, vivir, alcanzar.
El artista, mira de otra manera. Mira más allá.
Percibe las "entretelas", el misterio, la armonía,
la vida íntima de la realidad. El artista sabe
mirar. Sabe mirar porque ama lo mirado.
Lo percibe como único, lo rescata en su radical
individualidad. No establece entre las cosas los
nexos de lo funcional y lo inmediato. Mira el fondo,
sin crear las redes de las relaciones útiles. Sin
pensar en el beneficio que las cosas le reportan, ve
en ellas un sentido más profundo, más puro y
originario.
Veo a Elsie mirar y adivino en ella esa mirada
sabia. Es como si se esforzara por rescatar de la
realidad lo más puro, como si escudriñara más allá
de las apariencias y penetrara en lo esencial.
Si a ese modo de mirar suyo, le añadimos un saber
hacer, dada su larga trayectoria en el manejo de los
pinceles y su gusto por los colores, empezamos a
entender su actual propuesta. Al cabo de más de
veinticinco años de trabajo, nos topamos con hojas,
aguas, raíces, tallos y bosques traducidos con gran
solidez, fruto de una labor de síntesis que ha
dejado atrás la vibración de la luz y la pincelada
suelta.
Ahora el escenario se ha oscurecido, las formas se
recortan claramente y la luz es menos directa,
pareciera emerger de un lugar lejano. La perspectiva
ha sido dislocada y recuerda la propuesta japonesa.
Hay abismos que asombran y niveles acuáticos que
inundan. Es ahora una atmósfera misteriosa que no
rinde fácilmente sus enigmas. Por el contrario, el
enigma, la magia y el misterio flotan en la
superficie pictórica como hojas en el agua.
La incursión que Elsie ha hecho en la escultura ha
afectado su pintura. Ha engrosado las formas y
robustecido los trazos. Ahora presenta un volumen
que antes no mostraba. Este proceso me recuerda la
simplificación tan compleja que Gaughin emprende de
las figuras. Su elementalismo estaba emparentado con
una búsqueda de lo originario, sólido y directo. En
sus pinturas había la serenidad del que sabe mirar.
Esta pintora va por el mismo camino. Sus colores son
ahora menos transparentes y más planos. Sus
acercamientos al detalle, al percibir lo grande en
lo pequeño, a la reelaboración de lo micro para
llega a macros muy estilizados delatan la sinceridad
de su búsqueda y denotan una armonía visual que,
como decía al principio, sabe captar lo esencial a
través de lo apariencial. La serenidad que infunden
sus actuales lienzos no es improvisada.
No en vano pasa el tiempo, ni tampoco, en este caso,
ha sido vanamente aprovechado. Wunderlich ha ido
calcando su propio recorrido y veo en ella una
calada madurez. Madurez que es fruto del saber
mirar, del trabajo y del empeño con esta pintora ha
tomado y retomado el paisaje.
S.
herrera u.
octubre 2003